Manual para Adivinos
7 Enero, 2010 Por Iñaki

Lo que pueden ver ustedes en la imagen fue descubierto por casualidad mientras un campesino araba sus tierras en el año 1877. En un principio, los investigadores no tenían la menor idea de que podía ser o cuál podía ser su utilidad y tan sólo fueron capaces de identificarlo como un objeto Etrusco del siglo III-II a.C.
Tuvieron que pasar varios años hasta que un arqueólogo al fin, resolvió el misterio de este extraño objeto de bronce.
La pista se la dio una estatua etrusca que representa a un Arúspice (adivino etrusco) y que recibe el nombre de: “Aule Lecu sujetando un hígado”.

Como puede verse, el hígado que sujeta la estatua tiene un parecido más que razonable con nuestro objeto, por lo que se puede afirmar de que se trata de una representación esquemática de un hígado y además de oveja para más señas.

Vista de perfil. Pesa 635 gramos y mide 126cm.x76cm.x60cm. Los tres bultos representan la vesícula biliar.
El asunto no es tan raro como puede parecer en un principio. Los Arúspice eran grandes maestros en el arte adivinatorio de leer entrañas y concretamente, el hígado, era para ellos el órgano principal del cuerpo y según su religión: “El hígado es una representación del orden cósmico”.
Por eso la inscripciones (escritas en idioma etrusco), son el nombre de 30 de sus dioses que representan las distintas divisiones que hacían del cielo y marcan distintas constelaciones, estrellas o planetas.


Detalle de las inscripciones (arriba) y su traducción (abajo)
¿Y para que podía servir la fría representación de un hígado que siempre está igual y que ni sangra ni nada? Para adivinar el porvenir seguro que no. Así que lo más probable es que se trate de un objeto para la enseñanza, un “manual” para que los arúspices pudieran aprender y practicar sin tener que andar destripando ovejas en cada clase.

Plato etrusco con Arúspice leyendo entrañas.
Lo que sigue siendo un misterio es como pudo llegar el objeto hasta un solitario campo de Piacenza que se encuentra en mitad de ninguna parte. La opción que se baraja es que un adivino, que acompañaba algún destacamento de legionarios , lo extravió por el camino.
Posteriormente se ha encontrado algún “hígado de enseñanza” más. Concretamente este es de Babilonia, está hecho en arcilla y data del 1900-1600 a.C.

Más en:
THE ETRUSCAN BRONZE LIVER OF PIACENZA





¡Genial!, era como el manual que debían seguir a la hora de interpretar las entrañas, ¿en qué se basarían para realizar todas esas divisiones?, siempre me ha asombrado la imaginación de los hombres a la hora de inventar ideas religiosas.
Manual para Adivinos…
Lo que pueden ver ustedes en la imagen fue descubierto por casualidad mientras un campesino araba sus tierras en el año 1877. En un principio, los investigadores no tenían la menor idea de que podía ser o cuál podía ser su utilidad y tan sólo fueron ca…
El mayúsculo jaleo que se armó cuando, hace unos 2060 años, un tío desgarbado y ceñido con una piel de lobo, que presumía de adivino para vivir a costa de los incautos (que siempre según se ve han abundado), quiso leer las entrañas de un pequeño perrito en una aldea de la región de Armórica. Ocurrió en una noche de tormenta, por Tutatis y por Belenos. ¿Os suena? El dueño del perrito por poco le estrangula (“¡el primero que toque a Ideafix recibirá una torta!”, fue su enfática advertencia), así que el agorero de marras tuvo que conformarse con leer las entrañas de un pescado no muy católico a juzgar por su aroma. Y el pequeñajo mal hecho, único con el suficiente seso para no dejarse embaucar por adivinanzas, lo miraba todo entretanto con una expresión de descarado escepticismo…
Y ahora, gracias a esta increíble entrada de Iñaqui, podemos ver que eso de leer entrañas hasta tenía escuelas y manuales mucho más antiguos que el episodio que os recuerdo. Y que se referían éstos últimos nada menos que al orden cósmico tal como lo comprendían en aquel entonces.
¿Veis por qué es imposible no apreciar de corazón una página como ésta?
Mirando las entrañas de los animales los adivinos podían deducir, al menos en teoría, su estado de salud y saber si el lugar podía ser o no habitable.
Otra cosa es el grado de fiabilidad de las predicciones
Al menos los etruscos se preocupaban de “aprender” estas cosas. La verdad no me imagino yo a los que salen en la tele echando las cartas consultando nada en ningún manual. Ahora es mucho más cutre.
Increible historia, muy buena, es una pasada…un hígado de enseñanza!!! y el que lo descubrió tiene su mérito; en mi vida se me hubiera ocurrido buscar semejante parecido; al principio me parecia un objeto extraterrrestre ajjaajjaja.
Parece que el mismísimo Alejandro Magno fue advertido de su próxima muerte por este método (¿hepatoscopia?). Lo que no termino de entender es cómo observando el hígado de un animal, lograban la conexión con la persona a la que echaban el augurio… es decir, ¿qué creían que unía al animal -tal vez elegido al azar- con la persona?
En este sentido, fascinante la aportación de Numeros, muy interesante ese origen: observar el hígado de los animales para saber si habitaban un entorno sano. Parece que ya sabían que en el hígado se acumulan bastantes toxinas. Muy interesante descubrir que nuestros antepasados tenían ya ese conocimiento… fascinante!
¿Cómo se pasaría de algo así, que tiene cierto sentido científico, a la adivinación personalizada?
Muy interesante. Una buena muestra del interés que tuvieron las disciplinas mágicas a lo largo de toda la Antigüedad.
Saludos y felicidades por el post (y el blog)
Sorprendente que un objeto de bronce de metro veintiseis por setentaytantos cm. por sesentaytantos cm. pese 600 y pico gramos. O son kilos, o son milímetros, o es el metal más ligero del mundo.