Historias con Historia » Blog Archive » Desahogo Terapéutico

Creo que a nadie le descubro nada nuevo si digo que vivimos bajo la tiranía del buen rollismo y lo políticamente correcto. Una difícil época en la que hay que tener sumo cuidado a la hora de expresarse y cogértela con papel de fumar para no ofender a ninguno y ninguna de los oyentes y oyentas del público y pública.
Un tiempo éste en el que los negros no son negros sino subsaharianos, los moros son magrebíes, los rumanos ciudadanos del este y nos empeñamos en unir bellos adjetivos a palabras que son malas por definición con la intención de suavizarlas (discriminación positiva, fuego amigo, envidia sana) haciendo complicadas cabriolas lingüísticas y creando unos términos super-mega-chachis, pero que en la vida real no existen.
Eso sí, todo esto sea por el bien de nuestra avanzada sociedad, para que podamos vivir tranquilos y así mantenernos a salvo del mal que nos acecha por doquier.
Pues bien, ocurre que cuando llevas un tiempo viviendo en este mundo de gominola, tus sentidos comienzan a espesarse, una sensación empalagosa inunda tu estómago y es entonces cuando se hace necesario un poco de desahogo terapéutico para quitarse de encima esa dulzona sensación. Algo así como una purga socialmente discutible, que aunque no suelen prescribirla los médicos, deberían de hacerlo.
Para ello existen varias soluciones y posibilidades, pero en esta ocasión me decantaré por un tipo de terapia literaria y pediré ayuda al rey de los ingenios, al maestro de lo políticamente incorrecto, al máximo especialista en llamar a las cosas por su nombre… A Don Francisco de Quevedo.
Modo de Empleo:
Para que la terapia sea más efectiva se recomienda seguir estas sencilla instrucciones de uso.
1. Ponerse de pié con la pantalla a la vista para poder ir leyendo.
2. Levantar la mano a media altura para moverla al compás de las palabras. Su movimiento debe ser elegante pero contunde, al estilo de un hidalgo blandiendo su espada contra un rival inferior, es decir, con altanería y un punto de chulería..
3. Aclararse la garganta con varios y enérgicos carraspeos y poner la voz en modo: “Francisco Rabal”.
4. Recitar con energía pero sin gritar ( no sea que se asusten los vecinos) y poniendo el énfasis de la voz y el gesto en la palabra protagonista del soneto.
Una vez que estemos en posición y hayamos inspirado aire podemos empezar…..
Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.
Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.
Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado
si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.
Aaaahh. Fantástico. Que sonoridad, que contundencia la de la puta palabra que va marcando el ritmo del puto soneto y consigue que suene como una puta melodía.
Preciosa sin duda la palabra puta, castiza y española… ¡Qué digo española! Nacional, internacional y mundial pues da lo mismo vasco o catalán, gallego o extremeño, inmigrante, chino, ecuatoriano, de Cuba o rumano… El que no haya dicho alguna vez la palabra puta, que levante la mano.
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Bueno… Buufff…. Ya me encuentro mejor…. Gracias por vuestra paciencia.
Prometo que la próxima entrada volverá a ser normal y dentro de los más estrictos cánones de lo bien visto.
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¡ ATENCIÓN !
- Esta entrada es una terapia y no es correcta políticamente.
- Lea detenidamente sus instrucciones.
- Su uso en momentos inadecuados puede producir efectos adversos en otras personas.
- En caso de sentir malestar acuda al político o confesor más cercano.

El soneto es el “Desengaño de las Mujeres” y es uno de los “Sonetos y Romances Burlescos” de Francisco de Quevedo. Lectura que recomiendo fervientemente si queréis pasar un rato divertido o si que queréis más muestras de lo que es políticamente incorrecto. Y si no, decidme quién tendría hoy en día huevos narices de hacer un soneto (llámese monólogo o actuación) como el de “Boda de Negros”
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