Historias con Historia » Blog Archive » La Ciencia en España no Necesita Tijeras

Me declaro un firme creyente de los postulados de la ciencia y también creo que la investigación y el estudio son imprescindibles, no sólo para el crecimiento económico y social de un país y su sociedad, sino para el desarrollo como persona del ser humano. Por eso quiero unirme a la iniciativa blogueril “La Ciencia en España no Necesita Tijeras” en donde cada uno, desde su página, esgrima una razón en contra del recorte presupuestario al I+D a modo de protesta contra esta medida.
Lo malo es que nunca he sido una persona demasiado protestona y no tengo ni idea de como hacerlo. Lo único que sé hacer y (reconozcámoslo) tampoco demasiado bien, es contar historias. Así que contaré una.
La historia comienza el 5 de Octubre de 1804 cuando una escuadra formada por cuatro buques españoles, avistan las costas del Algarve portugués lo que indica que el final de su travesía está cerca.
Salieron varias semanas atrás del puerto de Montevideo y vienen cargados con monedas, metales preciosos, telas, especies, etc. El viaje había sido tranquilo y sin apenas incidencias, pero un grupo de velas que aparecieron en el horizonte presagiaba que esa tranquilidad se iba a romper. Se trata de cuatro buques ingleses que, a todo trapo y sin intenciones claras, se dirigen directos hacia la flota española.

Zona del Algarve portugués frente a cuyas costas se desarrolla la acción.
Aunque en aquel entonces las relaciones con los hijos de la Gran Bretaña eran cordiales y se trataban de aliados, el comandante español, José de Bustamante y Guerra, no se fía un pelo de estos herejes de habla extraña así que ordena zafarrancho y dispone los barcos en línea de combate. Cuando las naves inglesas se encuentran a tiro de pistola, estas también se colocan en línea a barlovento de las españolas. Emparejadas nave a nave, cañón a cañón, ni las aves marinas se atreven a emitir sus graznidos temerosas de romper la tensión que flotaba en el aire.

Fragata española de finales del siglo XVIII (foto vía historia naval)
El comandante inglés decide entonces mandar un bote a la fragata Medea para parlamentar, pero ante la tardanza de su enviado dispara un cañonazo como señal para que vuelva. Los artilleros ingleses, que eran de gatillo fácil, tomaron este disparo como el comienzo de la contienda y una andanada tras otra comenzó a llover sobre los buques españoles que trataron de responder al fuego.
Lo malo es que estos hijos de la pérfida Albión, hay que reconocerlo, son tan pecadores como buenos marinos por lo que los españoles tan sólo pudieron poner pies en polvorosa. De nada sirvió, pues tres barcos españoles fueron apresados y llevados a puerto hereje. Pero la que peor suerte corrió fue la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Quizás un incendio a bordo o tal vez un impacto, el caso es que la santabárbara del barco estalló haciendo parecer que las puertas del infierno se habían abierto allí mismo.

Momento de la explosión de Nuestra Señora de las Mercedes
De esta tremenda explosión fueron testigos todos los allí presentes, incluido Diego de Alvear y Ponce de León segundo comandante de la escuadra a bordo del Medea, que aterrorizado contemplaba atónito y con lagrimas en los ojos como La Mercedes volaba literalmente por los aires con sus 282 tripulantes dentro, entre los que se encontraban su esposa y siete de sus ocho hijos. Todos murieron.

Diego de Alvear.
El ataque a esta escuadra por parte de los ingleses fue tan injustificado que hasta la mismísima prensa inglesa lo criticó duramente. (Sí, como lo oyen. La prensa inglesa defendiendo a los españoles. ¡Inaudito!)
Un gran delito acaba de cometerse [...] La ley de las naciones ha padecido la violación más atroz: una potencia amiga ha sido atacada por nuestra fuerza pública en medio de una profunda paz [...] sus leales súbditos han perecido en su defensa, infestando nuestras costas sus saqueados tesoros, y, como el de un pirata, nuestro pabellón tremola sobre el débil, el infeliz y el oprimido.
La Batalla del Cabo de Santa María, como se conoce a este episodio, significó la declaración de guerra a Inglaterra y el preludio de la batalla de Trafalgar.

Restos en el fondo del mar del barco Ntra. Señora de las Mercedes
Los restos de Nuestra Señora de las Mercedes, junto a todas sus riquezas, reposaron en la paz del profundo océano durante dos siglos hasta que de nuevo, unos piratas de habla hereje, aunque esta vez llegados del otro lado del mar, abordan a Nuestra Señora de las Mercedes en su silencioso retiro.
Esta vez llegan con extraños ingenios que pueden sumergirse más profundo y durante más tiempo, y gracias a ese poder, saquean y roban todo lo que encuentran de valor. Estos nuevos piratas se llaman Odissey y se llevaron un gran patrimonio a sus lejanas tierras.

Como es típico de este nuestro país, después de que pasan las cosas es cuando viene el llanto y el crujir de dientes y es cuando se intenta poner soluciones.

Los piratas con su botín.
El tesoro (Compuesto por unas 500.000 monedas de oro y plata. Y eso que se sepa) es reclamado judicialmente y hasta la fecha los jueces nos han dado la razón y parece ser que el tesoro será recuperado.
También se decide que se impulsará un proyecto oceanográfico y arqueológico para localizar, catalogar y si es posible recuperar el incontable e incalculable patrimonio histórico que se encuentra en miles de pecios hundidos en las costas españolas desde la época fenicia hasta los tiempos modernos.
De todos modos, me temo, que con los recortes presupuestarios en investigación este proyecto de recuperación será otro naufragio más y que descansará como un pecio hundido, en el cajón de “tareas pendientes”. De este modo, seguiremos descubriendo cuan rico es nuestro patrimonio y nuestra historia cuando lo veamos expuesto en vitrinas ajenas.

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