La difícil técnica del ‘buon fresco’

 

 

 

La pintura al fresco es una de las técnicas pictóricas que más tiempo lleva usando el ser humano y hasta nuestros días nos han llegado frescos egipcios, griegos o romanos los cuales tienen miles de años de antigüedad. Y es que pintar con esta técnica confiere a los colores una enorme durabilidad aunque como contrapartida, requiere mucho trabajo y una gran destreza siendo bastante complicado de aplicar correctamente. Como ejemplo baste decir que al gran Leonardo da Vinci fue un técnica que siempre se le atravesó.

Fresco micénico del 1.500 a.d.C.

Para pintar al fresco, primeramente se prepara la pared a pintar con varias capas de cal. La primera mezclada con arena y las sucesivas capas cada vez con mayor concentración cal hasta conseguir que la superficie quede perfectamente alisada. Cuando se ha ha dado la última capa y estando aún húmeda, se aplican los colores (a esta técnica se le denomina Buon Fresco). Como los pigmentos que se usan son de origen mineral y la pared está “fresca”, estos son absorbidos y cuando se seca, se produce una reacción química que los colores quedan literalmente integrados en la pared. Por este motivo, lo que se vaya a pintar hay que hacerlo de una vez, ya que si la cal se seca el resultado no es bueno. Tampoco permite retoques, así que la mano del artista debe de trabajar firme y sin vacilar. Normalmente, el maestro era el encargado de hacer las partes complicadas (caras, sombras, pliegues) y una cuadrilla de aprendices iban detrás haciendo el trabajo de “brocha gorda”.

 

El maestro preparaba una plantilla en el taller que luego silueteaba en la pared.

Otra de las dificultades de esta técnica está en que cuando la pared se secaba y debido a la reacción que se produce entre la cal y colores, estos cambian su tonalidad, muy diferente a la que se ve antes de aplicar. Por eso los maestros debían casi “adivinar” el resultado final de tal o cual color antes de aplicarlo. Comprar Pintura

La capilla Sixtina. Obra máxima de la pintura al buon fresco

Como dije al principio y para hacerse una idea de lo complicado que podía resultar este modo de pintar, el gran genio del renacimiento, Leonardo, tuvo varios sonados fracasos en sus intentos de pintar al fresco. Da Vinci gustaba de pintar con tranquilidad, puliendo cada detalle y retocándolo mil veces, por eso el “buon fresco” no iba con él. Intentó usar otras técnicas parecidas como la del encausto en la batalla de Anghirari y el resultado fue nefasto. Al poco tiempo el mural comenzó a caerse.

 

Escena de la batta de Anghiari.

Pero peor le fue aún con su conocidísima “La última cena” donde usó la técnica del fresco secco, técnica que se aplica sobre la pared en seco y que permite los retoques, pero el resultado fue más desastroso si cabe. La obra comenzó a deteriorarse a los pocos mese de haberla acabado.

La última cena antes y después de su restauración.

En esta página puedes ver la última cena a máxima resolución.

Relacionado:

Románico en Colores.

La Batalla de Anghirari

Más sobre la técnica en:

https://www.carlesarola.com/tecnicas_pictoricas.htm

https://www.montartcreation.com/ESPANYOL/creacionpinturamural.htm

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2024-05-22

 

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