Historias de palabras (iii)

 

 

 

Las palabras nacen (cada poco incorporamos nuevos vocablos a nuestro lenguaje) crecen (cambiamos letras adaptándolas a nuestras fonética o incluso cambiamos su significado inicial) se reproducen (las conjugamos, las unimos a otras haciéndolas compuestas…) y mueren (por moda, por uso o por otras razones, algunas las dejamos de utilizarl desapareciendo de nuestra habla.) Por eso las palabras están llenas de historias y como no hay dos son tres, aquí va la tercera entrega de Historias de palabras.

Antílope: Fueron los viajeros ingleses quienes le dieron este nombre (antelope). Lo sacaron del griego anthalops que significa ojos de flor.

 

Consomé: Aunque la palabra y el plato nos ha llegado del francés consommé, es de justicia aclarar que el consomé es una receta de origen español. Fueron los soldados napoleónicos quienes, cuando saquearon el monasterio de Alcántara, se llevaron, entre otras cosas, el recetario completo de los monjes. De ahí extrajeron el consumado o consumo (del latín consummatus) que, según los venerables monjes, era un caldo con carne a la que se le ha extraído toda la sustancia.

Esquimal: Proviene del francés esquimau que a su vez está cogido de la palabra en dialecto abnaki esquimanstic, literalmente “comedores de carne cruda”. Hay que decir que a los esquimales no les gusta que se les llame así y según ellos su nombre es inuit que significa simplemnte “los hombres” o “la gente”.

Pueblo de L’Esquirol

Esquirol: De la palabra catalana esquirol en alusión al pueblo catalán de L’Esquirol donde a mediados del siglo XIX, unos vecinos del pueblo fueron a suplir a unos obreros en huelga de una fábrica de Manlleu (Barcelona). Es desde entonces que los trabajadores que no secundan una huelga reciben el nombre de esquiroles. Pescados, mariscos, conservas y todo sobre el mar

Hecatombe: Del griego hekatombe que significa “sacrificio de cien reses”. Y es que un hekatombe era un sacrificio ritual griego donde se mataban a cien toros o bueyes (aunque al parecer, pocas veces era realmente tan numeroso)

Hostia: Del Latín hostis que significa extranjero o enemigo, especialmente el que hace la guerra (de aquí proviene también hostil y hueste). Posteriormente, en el mundo romano, se llamó hostia a la víctima de un sacrificio. Lo mismo que representa hoy la hostia cristiana.

Jirafa: Del árabe zirafah, literalmente “la amable” o “la mansa”. Pero lo más curioso es el origen del nombre científico de su especie, camelopardalis, y es que durante mucho tiempo se creyó que la jirafa era un híbrido de camello y leopardo.

Calendario romano

Nefasto: Para los habitantes de la antigua Roma, los días podían ser de dos maneras, fastus dies (días favorables) y nefastus dies (días no favorables). En los nefastus dies, un romano no debía de cerrar un negocio, administrar justicia, montar en barco, viajar o comer pescado entre otras. Finalmente, nefasto ha quedado como cualquier asunto poco agradable.

La diosa Vesta

Vestíbulo: A la entrada de muchas casas romanas, había un pequeño altar dedicado a la diosa protectora del hogar: Vesta. Por eso, esta zona de la entrada recibía el nombre de vestibulum, es decir, el lugar de Vesta.

Más:

Historias de Palabras (I)

Historias de palabras (II)

Visto en el libro:

Palabras con Historia de Gregorio Doval

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2024-06-05

 

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