El emperador que quiso ser emperatriz

 

 

 


Heliogábalos, gran sacerdote del sol. Pintura de 1866

El imperio Romano nos ha dejado una amplia lista de emperadores. Algunos de ellos fueron grandes gobernantes que consiguieron grandes logros y su recuerdo ha llegado hasta nuestros días cargado de gloria y honor. Pero otros en cambio, han pasado a la historia debido a sus excesos y desmanes, como es el caso de Marco Aurelio Antonino, más conocido como Heliogábalo (204 – 222 d.C.).

Sexto Vario Avito, que era su verdadero nombre, ya mostró signos de su gusto por los excesos desde bien temprano. Siendo aún muy joven, rendía culto al dios Elagábalo (de quien cogería su nombre posterior) deidad erótica de los fenicios y a otros dioses fálicos cuyos ritos tenían tenían un fuerte componente sexual.

 

Con 14 años subió al poder y su desfile de coronación lo hizo sobre un carro tirado por mujeres desnudas. Su primer acto como emperador fue casarse con una sacerdotisa vestal (acto considerado enormemente sacrílego) por el simple placer que le producía aquella provocación. Y aunque se casó varias veces su predilección sexual siempre fueron los hombres, acostumbrando a escapar de palacio disfrazado de mujer para visitar los burdeles de la ciudad.

Su gusto por la transexualidad queda reflejado en este párrafo de Elio Lampridio.

“representaba en la corte la leyenda de Paris, haciendo él mismo el papel de Venus, de tal manera que, inesperadamente, dejaba caer sus vestidos hasta los pies y se ponía desnudo, de rodillas, con una mano en pecho y otra en los genitales, echando hacia atrás sus nalgas y presentándoselas a su amante. Depilaba todo su cuerpo y configuraba además su rostro con la misma figura que a Venus, pues se consideraba capaz de satisfacer la pasión de muchísimas personas.”

Su transexualidad era tan explícita, que llegó a ofrecer unas enormes cantidades de dinero a aquel que fuera capaz operarle sus genitales para cambiar su sexo. Naturalmente nadie era capaz de algo así en aquella época y tuvo que conformarse con una circuncisión.

Pero por lo que resulta más tristemente conocido es por su retorcido sentido del humor y es que Heliogábalo era una especie de “niño travieso”, con la diferencia de que sus travesuras, a menudo costaban vidas.

Todo aquel que era invitado a sus banquetes, seguramente antes se despedía de los suyos y preparaba testamento, pues las fiestas que organizaba el emperador solían ser, cuando menos, sorprendentes.

Una de sus diversiones predilectas era invitar a cenar a los siete hombres más gordos de Roma. Se les sentaba en almohadones llenos de aire que eran pinchados de improviso por unos esclavos, derribando al suelo a los obesos comensales. A menudo la comida que se servía era artificial, elaborada con cristal, mármol y marfil o contenía arañas y excrementos. Lo malo, es que la etiqueta romana exigía que la comieran y el emperador disfrutaba viendo como lo hacían. Otra de sus brillantes ideas fue la de derramar pétalos de rosa sobre sus invitados. A simple vista no parece muy peligroso, pero lo que ocurrió fue que se arrojaron tal cantidad de pétalos, que algunos de los asistentes se asfixiaron. Aprender a programar con ejemplos

En otra ocasión, al final de un banquete, cuando la gente ya estaba atiborrada de vino y comida, al “angelico” no se le ocurre otra cosa que cerrar todas las salidas del salón y soltar dentro un montón de fieras salvajes. Es fácil imaginar el pánico de los asistentes que ignoraban que el emperador había ordenado extraer los dientes y las zarpas a las fieras para que, al menos, no se comieran a nadie.

En ocasiones se hacía construir un baño suntuoso, lo utilizaba una sola vez y luego lo mandaba destruir. Se dice que fue el primero de los romanos que usó vestidos confeccionados totalmente en seda, llamado mendigos a los que usaban por segunda vez una vestimenta que se hubiera lavado. Jamás emprendió un viaje con menos de sesenta carruajes y disponía de carros cubiertos de piedras preciosas y oro despreciando los que estaban hechos de plata, marfil o bronce.

Heliogábalo vació las arcas del estado y el descontento entre los romanos iba en aumento, pero la gota que colmó el vaso, fue cuando quiso casarse con un enorme esclavo muy bien dotado llamado Hieracles de quien , parece ser, se enamoró. La intención era abdicar en el esclavo para que fuera emperador y así él convertirse en emperatriz de Roma.

Finalmente, su guardia pretoriana, apoyada por la abuela del emperador, mató a Heliogábalo (tenía 18 años) junto a su madre. Le ahogaron en una letrina, arrastraron sus cuerpos por las calles y luego fueron arrojados al río.

NOTA ACLARATORIA: Siguiendo la sugerencia (muy acertada) del comentario de Rámiro , hay que aclarar que la mayoría de las historias que nos han llegado de Heliogábalo, son de cronistas posteriores y a quien no consideraban, precisamente, un ejemplo a seguir, por lo que hay que tomar estos relatos con algo de escepticismo. Aún así, este tipo de crónicas, casi siempre tienen una base real y como también dice Isabel en otro comentario, se sabe a ciencia cierta que el “chaval” no era ningún angelito y su vida siempre estuvo rodeada de excesos.

Más en:

https://es.wikipedia.org/wiki/Heliog%C3%A1balo

https://victormacias.blogia.com/2004/110202-heliogabalo-el-horrible.php

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2024-06-08

 

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