¡Adelgazar! ¡Mi Reino por un Régimen para Adelgazar!
2 Octubre, 2009 Por Iñaki

Sancho I, El Craso.
La verdad es que suena mejor la frase original. Esa de: ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo! que dice en medio de una refriega el rey Ricardo III en la obra de Shakespeare. Pero que le vamos a hacer. Los ingleses son de una manera y nosotros de otra y el rey que nos ocupa en esta historia -español él- no da para una frase de más empaque.
Se trata del rey Sancho I de León (935-966) más conocido como El Craso por tener un problema de peso. Concretamente su problema era que estaba gordo. Muy pero que muy gordo.

Sancho I subió al trono a la muerte de Ordoño III, pero su pasión excesiva por viandas de todo tipo que devoraba sin cesar en pantagruélicos banquetes le convirtieron pronto en un rey gordo e inútil. Un rey que llegó a pesar 21 arrobas castellanas (240 k.) y que según dicen, tuvieron que ensanchar algunas puertas de su castillo para que pudiera pasar. Tampoco era capaz de mantenerse en pié con una espada en la mano y de lo de montar a caballo mejor ni hablamos.
Un rey en estas condiciones, al que sus siervos despreciaban, no podía durar mucho tiempo, así que a los dos años escasos de su reinado fue destronado y nombrado rey Ordoño IV.

Lista de platos en un banquete medieval.
Sancho I corrió (lo de correr es un decir, claro) a esconderse a casa de su abuela, aunque en este caso la abuela en cuestión era mucha abuela. Se trataba de la Reina Toda de Navarra, una mujer valiente e inteligente que estaba dispuesta a recuperar el trono que robaron a su nietecito.
Lo primero que había que hacer estaba claro, un rey que no puede batallar, no es un rey. Había que bajar esos kilitos que se le acumulaban a Sancho I y para eso se necesitaba un milagro o un buen médico. La reina Toda, mujer práctica donde las haya, no confiaba mucho en los milagros y también sabía que en tierras cristianas no encontraría un médico en condiciones, así que acudió a la ciudad (junto a Damasco) donde la medicina era la más adelantada del mundo, a Córdoba.

En aquel entonces reinaba allí Abderraman III, artífice del esplendor de Córdoba, y como perro viejo que era, Abderraman vio oportunidad de sacar tajada de las carnes que le sobraban al rey Sancho. El califa de Córdoba aseguró a la reina Toda que sus médicos serían capaces de adelgazar a su nieto, pero a cambio de tal proeza, debían de cederle varias plazas fuertes a orillas del Duero, frontera en aquel entonces de tierras moras y cristianas.

Abderraman III
Sancho I aceptó en ceder parte de su reino a cambio de adelgazar y se puso en manos de los médicos del Califa. En aquel momento comenzó para el rey el peor trago de su vida. Y no es para menos ya que durante varias semanas su dieta fue más o menos como sigue.
Se le administraban al regio paciente 5 ingestiones diarias.
Temprano, con el alba: Un gran vaso de leche.
A media mañana de almuerzo: Un quinto de libras de higos secos y agua de hervir acelgas a discreción, toda la que desee y la que no desee también.
Al mediodía de comida: Las acelgas que se hirvieron a media mañana, un puñado de avellanas y un cocimiento de raíz de herniaria.
Antes de la oración de la tarde, en la merienda: Una infusión hecha de mastranzo, trébol, sándalo y poleo.
Y por la noche de cena: ensalada de canónigos con vinagre, un puñado de nueces y dos vasos de agua.
Naturalmente la sal, el azúcar, el vino y los licores estaban totalmente prohibidos. ¡Ah! Y se me olvidaba. Durante las dos primeras semanas, nada más levantarse, se le administraba un enema jabonoso caliente para “…estimular su perezoso intestino“.
Todo esto acompañado con un trabajo físico que comienza con masajes y movimiento articular para pasar a cortos paseos, paseos más largos y aumentando la actividad hasta que el rey un día, al fin, logró montar a caballo empuñando una espada.

Acabada la recuperación de Sancho I, un ejército navarro-musulmán toma León en el 956 y Zamora en el 959 expulsando a Ordoño IV y coronándose de nuevo como rey.
Ciudad de Zamora, sede de reyes leoneses.
Pero Sancho I faltaría a su palabra con Abderramán y no le entregó las plazas prometidas. El rey leonés no tardaría en volver a su anterior vida de indolencia y pasado seis años murió asesinado, según cuentan, con una manzana envenenada. Es decir, murió comiendo.
NOTA: Las fuentes de esta época de la historia de España son escasas, casi todas de origen árabe y es dificil en ocasiones distinguir leyendas de realidad. Se tiene como seguro la excesiva gordura del rey Sancho I, el pacto de Abderraman con Toda de navarra y que el rey llegó a adelgazar, pero lo que no se sabe exactamente es que clase de dieta siguió para perder tanto peso.
La aquí descrita está sacada del libro “El cirujano de Al-Andalus” de Antonio Cavanillas de Blas que a su vez está basado en un estudio nutriciónal realizado por Abulcasis, médico del sultán en aquel entonces y quien seguramente tuvo algo que ver en la cura del rey.
Albulcasis (936 – 1013) fue un cordobés, destacado cirujano, que está considerado el padre de la cirugía moderna. Dejó un amplísimo tratado llamado Al-Tasrif (Libro de la práctica médica). Esta obra cuenta con 30 volúmenes que incluyen descripciones anatómicas, clasificaciones de enfermedades, información nutricional y quirúrgica, y algunas secciones relacionadas con la medicina, la cirugía ortopédica, la oftalmología, la farmacología, la nutrición, aunque destaca por sus referencias a la cirugía, llegando a realizar, con los instrumentos que él mismo diseñaba, operaciones de cataratas, hernias, cálculos de riñón, bocios, cólicos miserere (oclusión intestinal)…
Abulcasis es otro eminente personaje hispano olvidado en nuestra historia y que tal vez, no se le haya dado el trato que merece. Y si alguien duda de ello basta ver la entrada de Abulcasis en la wiki, en español y en inglés.
Más en:
Lista de logros de Abulcasis. (Al-Tasrif. Wiki)






vaya, pues que régimen tan pobre! me muero vamos! seguro que en unos meses ya podia montar a caballo y de las penurias que tuvo que pasar se vengó no cumpliendo lo prometido.
Excelente post, muy interesante.
Besos.
Una entrada muy buena, y además dedicada a uno de los reyes de León, tan denostados por la historiografía. Mi enhorabuena. Lo único que me rechina es lo de 21 arrobas castellanas, ya que me suena raro (¿castellanas en esta época?) Imagino que ese dato aparece en alguna crónica muy posterior (y castellana)
No creo que la dieta que le impusieron fuese mucho peor que lo que comían a diario casi todos sus súbditos. Si es que podían comer a diario.
http://actfernandoiiielsanto.blogspot.com
Sin lugar a dudas es reconocible, aunque no muy frecuente, el gran aporte que se puede encontrar en la historia musulmana. Por otro lado, como que es muy recurrente ese tipo de comportamiento de los reyes no? jajaja. La historia tiene un toque novelistico, me hace recordar al mini libro “El hombre que calculaba”, que tambien cuenta con pasajes historiscos como este. Gracias por el aporte.
Para quien quiera una buena novela, que ilustra el tratamiento de adelgazamiento, puede leer el libro de Angeles de Irisarri: El Viaje de la Reina. http://www.lecturalia.com/libro/2159/el-viaje-de-la-reina
Eso si, con un diccionario en a mano, porque utiliza bastantes palabras de uso poco comun y hay que recurrir al diccionario para conocer su significado.
Leo hace tiempo tu blog y cada pocos dias me meto a ver si hay alguna entrada nueva. Gracias por tu dedicacion al mismo, el cual nos ilustra en muchos aspectos poco conocidos.
Pedro
No quiero poner en duda el contenido de la dieta ya que no conocía la historia ni se mucho de nutrición, pero me da a mi que esa parte tiene que ser leyenda. Los musulmanes estaban muy adelantados en aquella época y como dices en Córdoba había grandes médicos, por eso mismo tendrían que saber que con una dieta como esa adelgazar iba a adelgazar, eso seguro, pero no me imagino al pobre Sancho I con fuerzas para coger una espada con la falta de vitaminas, ninerales y nutrientes básicos que tendría después de varios meses con esa dieta. La anemia tendría que ser bestial. Me lo imagino delgado, pero no con fuerzas para llevar un ejército y recuperar el trono.
Con el apoyo a Sancho, Abd al-Rahman enfrentaba, y debilitaba, a los reinos cristianos del Norte. Además, en esta tierra nuestra siempre se ha buscado el apoyo de terceros, incluso enemigos, para llegar al poder, aunque las consecuencias hayan sido terribles: Atanagildo busco el apoyo de los bizantinos (se quedaron en el Levante), Ágila lo busco en los musulmanes (sólo permanecieron 8 siglos)…
Un saludo
Con esa dieta yo me como el caballo directamente